jueves, 26 de abril de 2012

La Generación del Bicentenario: Política y juventud en el kirchnerismo


Los motivos por los cuales se incorpora la juventud al debate político son diversos. Por su franja etárea puede calcularse que comprende mayormente a jóvenes de entre 16 y 40 años.

Una buena parte de esta explicación puede estar dada en la revisión de los derechos humanos durante la última dictadura. Desde la llegada al poder de Néstor Kirchner en 2003, el gobierno nacional desplazó el discurso de la “reconciliación nacional”, que había sido establecido bajo presiones al ex presidente Raúl Alfonsín (1983-1989) para volverse luego doctrina oficial del Estado durante la presidencia del justicialista Carlos Menem (1989-1999), sin ser cuestionado por los gobiernos de Fernando de la Rúa (1999-2001) y los interinatos subsiguientes (1). Tiempo más tarde, el presidente parlamentario que hízose cargo del gobierno tras la renuncia de De la Rúa, el justicialista Eduardo Duhalde (2001-2003), ensayó una suerte de conciliación indultando al “carapintada” Mohammed Alí Seineldín y a Enrique Gorriarán Merlo, una suerte de equiparación de los crímenes de la subversión con los del Estado terrorista argentino (2).
El ex presidente Néstor Kirchner (2003-2007) rompió ciertos esquemas de la clase política que lo volvieron un presidente peculiar. Así, desde el gobierno nacional fueron impulsadas las pendientes políticas de la memoria histórica en torno a la tradición política autoritaria argentina. Para ello, se sometió a juicio político a una Corte Suprema de Justicia (máximo órgano judicial de Argentina) corrupta y conservadora que había servido de partícipe de la sistemática impunidad de los crímenes durante el período 76-83 y del desmantelamiento del Estado; fueron derogadas las leyes de Obediencia Debida y Punto Final; se enjuició a los represores del período 76-83; se dio participación política a afectados por los crímenes de lesa humanidad (Victoria Donda, Remo Carlotto, Juan Cabandié). Estas acciones renovaron al confrontación en la política, pero también le devolvieron el lugar de ámbito de debate de ideas, lo que permitió ver en cada fuerza un proyecto político diferenciado.
Sin lugar a dudas, para un sector importante de la juventud aludida (de la que, por cierto, quien escribe forma parte), sensibilizada por las frases simples que perpetúan injusticias, por la demagogia de las pronunciaciones altisonantes que generan expectativas inmediatas frente a problemas estructurales y complejos y descreída del “sentido común” con que el poder hegemónico ha colonizado tantas cabezas, tuvo que asistir en su etapa escolar al elíptico tratamiento de la temática de los derechos humanos en Argentina. En este contexto, el tema se presentaba como un tabú, en un silencio que legitimaba la actividad de expresiones integristas de sectores ultraderechistas. Esto permitió a jóvenes pensar que “si un militar participó del derrocamiento de un gobierno legítimo; de la desautorización a las autoridades civiles legítimamente elegidas; se vale de la violación indiscriminada de los derechos humanos para satisfacer sus deseos y complacer a sus superiores; se enriquece con el Estado y las propiedades de los civiles ultrajados; contribuye a destrozar la economía del país y pauperiza a los sectores más vulnerables de la población; contribuye a la duración por seis años de un gobierno represivo por seis años y al exterminio de jóvenes durante la Guerra de Malvinas por una decisión política que, se supone, sólo buscaba una perpetuación del estado de situación, etc.” y podía continuar su carrera militar sin inconvenientes e, incluso, recibir condecoraciones, se daba la situación de que “la sociedad ya había juzgado” y había que aceptar su veredicto, o que, simplemente se había vivido el reino del revés. El posmodernismo negativo se había hecho carne en la sociedad: “todo es relativo”.
En este período vale la pena reconocer el enorme esfuerzo de las organizaciones de derechos humanos, que en cada ciudad expusieron la crítica al accionar represivo de las fuerzas de seguridad y al silencio de la dirigencia política.
Esta indignación se profundizó aún más al ser de público conocimiento que la mayor parte de las víctimas del período militar eran jóvenes de entre 16 y 24 años, lo que motivaba una solidaridad generacional. Necesariamente, tocar un crimen de esta magnitud contra la juventud debía implicar un fuerte impacto sobre los jóvenes del presente.
Puede decirse entonces que el kirchnerismo hízose expresión política superadora de las propuestas arrebatado una de las banderas de gran parte de la izquierda argentina siendo verdaderamente curioso que, aún con diferencias ideológicas marcadas, no se haya hecho provecho del escenario político para dar una virtual apoyatura a las acciones realizadas desde la izquierda marxista, cuanto menos bajo la consideración de un “cesarismo progresista” desde el cual avanzar hacia una transformación social. Un sector de la centroizquierda legislativa, que comprende al Movimiento Proyecto Sur, Eduardo Macaluse y la ex Nuevo Encuentro Graciela Iturraspe han optado por plegarse en una iniciativa antioficialista juzgando a las iniciativas señaladas un cambio cosmético para evitar el debate sobre el funcionamiento de la economía del país, fundada básicamente en la participación de las empresas multinacionales; la excepción está dada en Nuevo Encuentro, frente integrado por distintos sectores, que ha sido partícipe e impulsor de la sanción de medidas significativas que se reconocen al oficialismo.

La juventud durante el gobierno de Cristina Fernández

El gobierno de Cristina Fernández (2007-…), continuadora de la gestión de Kirchner, volcó su capital político para intervenir con mayor énfasis sobre cuestiones civiles ejerciendo una política regulatoria que le llevó a aumentar el gravamen de exportación sobre la soja al 35% e investigar el (presunto) apropiamiento ilícito de papel Prensa durante la última dictadura militar – que habría consolidado el mercado oligárquico de los diarios “La Nación” y “Clarín”, notablemente voluminosos en comparación a las restantes publicaciones-. Asimismo, medidas como al Asignación Universal por Hijo, La Ley de Matrimonio Igualitario (que permite la unión de parejas del mismo sexo), el tratamiento del adicto a drogas como un individuo enfermo y no como un delincuente –a través del fallo de la renovada Corte Suprema-, y la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual son algunas de las tantas medidas que favorecen una sociedad pluralista y protectora de los derechos del más vulnerable. Todas estas decisiones políticas han sido posibilitadas por un cambio de época que introduce nuevos tópicos de discusión, no ajenos a tensiones que terminan por ser base de operaciones mediáticas.
La polémica desatada por el llamado “Conflicto Campo-Gobierno” en 2008 (basado en el aumento del gravamen de soja arriba mencionado) despertó una honda ira de la clase media, ante lo cual la juventud se cobijó en la decisión electoral de sus padres. El desgaste de la mandataria fue enorme.  Así, existe un cierto consenso de que el primer voto de muchos jóvenes en las elecciones legislativas de 2009 estuvo dirigido a un candidato opositor pseudo justicialista -el empresario mediático Francisco de Narváez-.

La juventud y la muerte de Néstor Kirchner

La significación política de la juventud durante las exequias de Néstor Kirchner en octubre de 2010 fue un dato contundente para la dirigencia argentina. Con ello, los jóvenes expusieron respeto a la figura del ex mandatario y también decisión por tomar las banderas ideológicas sintetizadas en sus principales logros de gobierno. Consecuencia de ello fue la sorpresa y preocupación de la oposición, que se vio expuesta como “lo viejo”. Si la comunicadora del Grupo PRISA en Radio Continental Magdalena Ruíz Guiñazú había calificado peyorativamente de “adolescentes” a los Kirchner por sus decisiones conflictivas, lo cierto es que consecuentemente pareciera que los adolescentes hubieran hecho suya la figura de Néstor Kirchner. Probablemente sea la adhesión juvenil una reivindicación del ex presidente respecto, como ya lo hemos dicho, a la demonización histórica de a juventud que llevaron a la ejecución de aberrantes holocaustos como las desapariciones o la guerra de Malvinas, en una verdadera ruptura del silencio de la aplastante mayoría de las autoridades públicas que hacían pensar que la revisión del pasado era cuestión de “bichos raros” y rencorosos, y no de ciudadanos justos.

Discursos de Cristina en marzo de 2012
Retomar los discursos de Cristina Fernández durante marzo de 2011 permite hallar el concepto de “Generación del Bicentenario” y comprender las significaciones que le son propias.
El 09 de marzo de 2011, en las palabras de la Presidenta de la Nación Cristina Fernández, en el acto de inauguración del edificio anexo a la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la presidenta dijo.
«Yo tengo una gran esperanza en los jóvenes, que no significa no creer o apostar al resto de los sectores generacionales o etarios; no, por el contrario, pero saben qué pasa: esta generación de jóvenes del Bicentenario, tiene una oportunidad que tal vez no tuvieron otras generaciones que siempre tuvieron que vivir en la lucha, en el exilio o en la muerte. Porque Mariano Moreno, tuvo que morir también, Belgrano, exiliado, el propio Alberdi, el más brillante de la generación del '37 también en el exilio. Siempre hubo exilios y siempre hubo momentos de desaparición.  
Y yo creo que en este momento histórico que estamos viviendo, tal vez no tomemos conciencia exacta nosotros de su importancia, pero es la primera generación que en democracia tiene la oportunidad de vivir en un país donde, reitero, las cosas se deciden acá y donde volvemos a crecer, a generar empleo, valor agregado, universidades, científicos que retornan al país y que se habían ido definitivamente.»
Concretamente, la presidenta aludió a un nuevo tiempo político en que el deseo de autonomía y las políticas sociales desde las esferas gubernamentales, en un ambiente de estabilidad democrática, terminarían por nutrir de ideas superadoras a una generación de jóvenes que por primera vez tienen la posibilidad de pensar en un contexto de paz y libertad. Sólo dos días más tarde, con motivo del homenaje por el 38 aniversario del triunfo electoral del Héctor Cámpora, la presidenta retomó en su discurso el concepto destacando que la participación política ya no se fundaba en la dialéctica sino en una búsqueda de construcciones superadoras.
«Por primera vez ustedes - generación del Bicentenario - se están incorporando a la política no contra alguien, sino por alguien, por una historia, por la Argentina por seguir mejorando las cosas.
[…] Es una construcción política diferente, siempre en nuestra historia las construcciones políticas, aún las del  campo nacional y popular, se hacían en base a las contradicciones o contra algo. Hoy estamos construyendo con un profundo amor por las cosas logradas y con una profunda demanda por profundizar esos cambios para que puedan llegar a todos los argentinos. No, no hay que darle gracias ni a mí ni a él porque hay otra cosa que tenemos que hacer, más importante todavía.»
De este modo, el discurso se dirigió a mantener una épica destinada a conservar y profundizar los cambios introducidos por la política kirchnerista y, según palabras de la propia Presidenta, al margen de los colores políticos. Finalmente, a modo de consejo, dio a los jóvenes presentes tres consejos:
1.       «Construir sobre las coincidencias, aprender a construir los argentinos y sobre todo los jóvenes no sobre las diferencias, que así se ha construido durante tanto tiempo, y entonces todo duraba poco porque faltaba que algo fallara, que no estuviera una coma, que faltara una letra o una oración para juzgar que entonces no se era nacional o popular.»
2.       « Otra de las cosas que les quiero pedir: no pierdan tiempo, no se enrosquen ni se dejen enroscar en discusiones bizantinas que no tienen nada que ver con lo que le importa a la gente y con lo que le importa a la sociedad. No cometan errores que sí hemos cometido nosotros cuando éramos jóvenes.»
3.       «Y quiero pedirles, para terminar, en nombre de él, que construyamos con amor, que el odio que algunos quisieron derramar sobre nosotros, respondamos con amor. No hay mejores batallas que las que se ganan con el corazón; no hay mejores victorias que las de la buena onda, el optimismo y la fe en Dios. Esas son las cosas que valen, esas son las cosas que duran y perduran en la memoria de los pueblos.»
Esta participación fuerte y repentina de la juventud se ha debido en gran parte al inteligente manejo mediático del oficialismo, que desde el programa “678” expone las contradicciones de la dirigencia opositora y extiende desde la productora televisiva PPT un posicionamiento en otros canales. Asimismo, aparecen publicaciones que respaldan medidas atacadas desde el establishment periodístico como “Miradas al Sur” y “Tiempo Argentino”. También es válido pensar un deseo de la juventud para encontrar una identidad propia que le permite diferenciarse de las identidades políticas tradicionales.
Por supuesto, para toda fuerza política la adhesión de la juventud implica la continuidad de un modo de pensar la sociedad, sirviendo de garantía al deseo de extender en el tiempo un proyecto ideológico. En Argentina, la adhesión de un sector importante de la juventud a ciertos postulados del kirchnerismo (juicio a los genocidas, Estado social de derecho, paulatina desintegración de monopolios, etc.) son anunciados como tremebundos por ciertos publicistas como Beatriz Sarlo, Joaquín Morales Solá,  Pepe Eliaschev, Mariano Grondona o Marcos Aguinis, quiénes ven en la juventud matices setentistas (jugando con el imaginario conservador de una generación armada), cuando en verdad no han ejercido nunca la violencia política ni representan los sectores más radicalizados que adhieren a los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

NOTAS
(1) Aunque es cierto que Adolfo Rodríguez Saá, con quien no simpatizo, había intentado una política de acercamiento a las Madres de Plaza de Mayo recibiéndolas en la Casa Rosada.
(2) Seineldín era un carapintada que exigía amnistía por la participación de la oficialidad militar durante la dictadura del período 76-83; Gorriarán Merlo fue uno de los líderes guerrilleros del ERP y lideró el copamiento al cuartel de La Tablada en 1989. Ambos fueron amnistiados por el presidente Duhalde como un gesto de reconciliación entre la extrema izquierda y la extrema derecha, las cuales en una autocrítica habrían optado por la superioridad de la vida democrática.

Discursos presidenciales en:      
                                                                                               : http://www.casarosada.gov.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=8113&Itemid=66
                                                              http://www.casarosada.gov.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=8120&Itemid=66

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